Banda de sonido, debe leerse así.
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Ver tus primeros pasos Vicente
aunque sea en videoclip
evolucionar
como una plantita de albahaca
donde habita alguna que otra
vaquita de San Antonio,
mariquita, homosexual,
como la quieras llamar.
Ese caminar titubeante bebé
esa sonrisa llena
y abarrotada hasta
los sin dientes
de dulzura fresca.
Te pido perdón, pimpollito
que la tía no esté cerca.
Que su vorágine exploradora
la haya llevado
hacia donde se navega solo.
Si sabía que ibas a venir
seguramente se hubiera quedado
para que la alumbres.
Y para que con tus manitos
de mazapán,
y tu olorcito a jengibre
le apretes las mejillas secas
de viento del sur.
Es que a veces para amar
hay que sentir
y a kilómetros arriba
¡No sabés cómo se siente!
Siento el sol, la lluvia
que acá moja
y en exceso.
Se sienten los vahos,
la contaminación,
se siente el exceso
de desesperación de los transeúntes
cotidianos, perdidos.
En una ciudad con tanta gente
es donde uno más siente.
Por eso te escribo, felpita primaveral.
Que quizás esté lejos,
que tal vez no me recuerdes
y mi rostro sea una imagen difusa
dentro de esas pupilas azul-celeste.
Hay tantas dudas y pocas certezas.
Pero cuando crezcas y entiendas
que para mirar
hay que alejarse
y que para vivir
hay que sentir:
sentí.
Sentí y gritá con fuerza,
llorá y pataleá,
llenate los pulmones con emociones,
volá, como lo hacés ahora.
Que lo más feo
es olvidarse de volar.
Por eso no te enojes porque esté lejos,
que te siento cerca
y te amo entero.
Pero tenía que volar,
para volver a aterrizar.
Nan.
aunque sea en videoclip
evolucionar
como una plantita de albahaca
donde habita alguna que otra
vaquita de San Antonio,
mariquita, homosexual,
como la quieras llamar.
Ese caminar titubeante bebé
esa sonrisa llena
y abarrotada hasta
los sin dientes
de dulzura fresca.
Te pido perdón, pimpollito
que la tía no esté cerca.
Que su vorágine exploradora
la haya llevado
hacia donde se navega solo.
Si sabía que ibas a venir
seguramente se hubiera quedado
para que la alumbres.
Y para que con tus manitos
de mazapán,
y tu olorcito a jengibre
le apretes las mejillas secas
de viento del sur.
Es que a veces para amar
hay que sentir
y a kilómetros arriba
¡No sabés cómo se siente!
Siento el sol, la lluvia
que acá moja
y en exceso.
Se sienten los vahos,
la contaminación,
se siente el exceso
de desesperación de los transeúntes
cotidianos, perdidos.
En una ciudad con tanta gente
es donde uno más siente.
Por eso te escribo, felpita primaveral.
Que quizás esté lejos,
que tal vez no me recuerdes
y mi rostro sea una imagen difusa
dentro de esas pupilas azul-celeste.
Hay tantas dudas y pocas certezas.
Pero cuando crezcas y entiendas
que para mirar
hay que alejarse
y que para vivir
hay que sentir:
sentí.
Sentí y gritá con fuerza,
llorá y pataleá,
llenate los pulmones con emociones,
volá, como lo hacés ahora.
Que lo más feo
es olvidarse de volar.
Por eso no te enojes porque esté lejos,
que te siento cerca
y te amo entero.
Pero tenía que volar,
para volver a aterrizar.
Nan.