Sentir la angustia como una estalactita en el pecho
Como una esfera para retirar
agua al final del barrio humilde,
o un señor que se derrama en
lágrimas porque el agua le llevó
el colchón y los recuerdos
la dicha de ver jugar a los nenes en el patio.
La lluvia no mata.
Nos mata la desidia y el saqueo.
La gente se muere y afuera llueve.
Sentir la angustia como un pañuelo
que nos atraganta y las manos
se me llenan de polvo osco
en la clasificación de la miseria.
Sentir la angustia haciendo fila,
hablándole a una mujer al oído,
apresándonos el alma.
