Yo sé que no puedo darte más que unos cuantos versos
un beso para que duermas de noche
el descanso cuatripartito de horas que nunca alcanzan
no puedo dibujarte seres paseriformes para que decores las paredes
con encantos de rocío que flotan como lápices acuarelables
sé que no puedo y me derrota el llanto
de la imposibilidad
de no poder mirarte con ojos verdes re fulgurantes
de tener el corazón al galope incierto
cuando tus pestañas me apuntan desnuda
en el vacío del altillo.
Yo sé que no puedo darte más que unos cuantos versos
y de los temibles, o llenos de musgo verdoso
que se arrastran como seres palpitantes al sonido de una sirena muda.
Es que hay tantas que te quisieron y que vos quisiste...
No puedo darte ni una comida caliente
ni una flor francesa
ni una caricia venida de Europa,
no puedo
Quizás un abrazo fuerte al salir de la fábrica
una comprensión en invierno entre señoras mojigatas
o buscarte entre las salidas de la noche para pararme al lado
como un soldado bolchevique
Yo sé que no puedo darte más que unos cuantos versos
que no alcanzan
a derrotar los fantasmas
que vuelan y se mufan de mi imposibilidad
al salir vos tan temprano
a correr el muro que nos impone el capitalismo
en los hombros y en el rostro, amor mío
Sé que no puedo darte ni tus deseos más profundos,
por cuestiones dialécticas de táctica y estrategia.
No puedo.
Sólo un "te amo" al oído
antes de que eleves tu cuerpo sobre la desidia
una sonrisa que se escapa de mis cachetes humildes de sureños
unos cuantos versos podridos en el barro
y un puño en alto.
Un puño en alto para celebrar lo que nos hace compañeros.
Wednesday, July 04, 2012
Sunday, July 01, 2012
Un bolsillo lleno de nada
La verdad es que
mientras el longplay siga girando
el día va muriendo
al costado del mundo.
Y no existe mano tan grande
para esconderte detrás
solo una musiquita
que te ayude a despertar
para lavar como una esponja de algas
las pesadillas que soñás.
Hay veces que pienso que no existe escapatoria
hasta que veo los niños en el tren
con sus sonrisas empotradas en el hambre al acecho.
La belleza está adiestrada
a quedarse en los brillantes.
En los colgantes pesados,
en los tapados muertos con olor a limpio.
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