Daquita
que tenerte en brazos fue real
y tu sonrisa era más
bella que quien te engendró en mí
sin permiso,
Daquita.
Te soñé y me desperté
confiando que estarías
balbuceando mi nombre.
Que te corresponde solo a
vos intentar.
Y lo malo de despertar ,
además del frío invernal
que me perturbaba trasversal
a mis espacios
fue la sorpresa de que nunca
te tuve y te perdí.
En esa nube cuando abrí mis ojos,
pesados de tanto llorar.
Lo único que quedaba de vos
se lo llevó un remolino
a las oscuras alcantarillas,
entre la estela roja de tu
pequeño cuerpo, Daquita.
Pimpollo otoñal,
jirafita de felpa.
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